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Fin de semana duro e intenso para la Academia

20 abril 2026 | Por C. BM. Burgos

El Aislamientos Burgaleses juvenil tira de casta y se mete en la lucha por las medallas

El equipo juvenil del Aislamientos Burgaleses firmó un fin de semana intenso en Aranda de Duero, donde disputaba su sector con el objetivo de seguir avanzando en la competición. Los burgaleses demostraron carácter, competitividad y una fe inquebrantable que acabó teniendo premio.

El debut fue ante el potente Ademar, a priori el rival más complicado del grupo y que llegaba invicto. El encuentro comenzó con dominio leonés, que manejó ventajas de hasta cinco y seis goles. Sin embargo, la sólida defensa del conjunto burgalés frenó el ritmo rival y permitió recortar distancias hasta llegar con opciones al tramo final. Pese al esfuerzo, los errores en el lanzamiento y algunas decisiones arbitrales ajustadas impidieron puntuar en el estreno.

En la segunda jornada, frente a Delicias, el partido volvió a estar cargado de tensión. Burgos salió muy enchufado, firmando una gran primera mitad que le llevó a mandar con claridad en el marcador, alcanzando una ventaja de seis goles y marchándose al descanso cinco arriba. No obstante, un mal inicio tras la reanudación permitió a su rival recortar rápidamente diferencias. El duelo se igualó, pero finalmente volvió a escaparse, dejando a los burgaleses sin premio pese a las buenas sensaciones.

Con todo por decidir en la última jornada y los resultados ajustados, el equipo dependía de sí mismo: necesitaba ganar por tres goles para meterse en la final a cuatro. El partido definitivo fue un auténtico pulso, con constantes empates y mínimas ventajas de dos goles. La igualdad fue máxima y todo se decidió en los pequeños detalles.

En los momentos decisivos, el Aislamientos Burgaleses dio un paso al frente. Con carácter, determinación y creyendo hasta el final, logró abrir una ventaja de tres goles en las últimas posesiones, certificando así su clasificación.

Un desenlace que premia la actitud de un equipo que nunca dejó de creer y que, tras un fin de semana de máxima exigencia, estará en la lucha por las medallas.

El Prevennova firma un fin de semana épico y conquista un bronce de enorme mérito

El Prevennova cerró un fin de semana para el recuerdo, marcado por la exigencia, la superación y un premio final que sabe a hazaña: una medalla de bronce que confirma el crecimiento del equipo.

El camino comenzó con un exigente desplazamiento a León para medirse al Ademar, probablemente el conjunto más sólido tácticamente de la liga y ante el que los burgaleses no habían logrado imponerse durante la temporada. El choque arrancó con valentía por parte del Prevennova, que logró adelantarse en los primeros minutos y sostener el pulso durante gran parte del primer tiempo. Pese al desgaste acumulado de las semanas previas y al hecho de jugar como visitante, el equipo se marchó al descanso con vida, solo dos goles abajo.

Sin embargo, en la segunda mitad aparecieron las dificultades ofensivas. Cada error era castigado con rapidez por el rival, que terminó abriendo brecha en el marcador. Los burgaleses apostaron por una defensa a toda pista en busca de la épica, conscientes de que solo la victoria mantenía sus opciones vivas, pero el esfuerzo no fue suficiente y el marcador final resultó más amplio de lo que reflejó la igualdad real del encuentro.

Lejos de venirse abajo, el equipo supo rehacerse mentalmente para afrontar el último día con una oportunidad inesperada: pelear por una medalla. En un ambiente cargado de tensión, el Prevennova saltó a la pista dispuesto a competir. El inicio fue positivo en juego, pero falto de acierto, lo que permitió al rival abrir una diferencia peligrosa (6-12, 7-13).

Un parcial de 3-0 antes del descanso devolvió la esperanza (11-13) y, tras la reanudación, el equipo dio un paso adelante. Con más ritmo y mejor lectura del juego, el partido se convirtió en un intercambio constante de golpes, con ventajas mínimas para ambos lados.

En los minutos finales, donde la presión suele pesar más, el Prevennova mostró su mejor versión. Supo gestionar los momentos clave, resistir cuando fue necesario y acertar en las acciones decisivas para inclinar el partido a su favor.

El pitido final certificó una medalla de bronce que va mucho más allá del resultado. Un premio al trabajo, a la evolución y a la ambición de un equipo que, sin tenerlo como objetivo inicial, ha sido capaz de superar sus propios límites y demostrar que nunca dejó de creer.